Solanas en la memoria

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Mucho han cambiado las calles desde los tiempos de niñez. Tan solo su serpenteante trazado es fiel a mi recuerdo. La pretendida modernidad se ha llevado por delante el empedrado y las solanas. Creo que los cambios habidos a lo largo del tiempo podrían haber respetado el legado arquitectónico del ayer, tal como se ha hecho en algunos otros pueblos de la zona. La fotografía nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad de respetar, en lo posible, aquellos elementos que constituyen el patrimonio que nos define urbanísticamente.

Se entiende que los nuevos tiempos exigen adecuar el pavimento de las calles a las exigencias del automóvil. Si, pero se podía haber hecho mejor.

Las solanas, “habitaciones” exteriores, que permitían hacer faenas que solo podían realizarse al aire libre, han desaparecido casi absolutamente en Jarandilla.  Es una pena que,  sin renunciar a la comodidad de los tiempos modernos, no hayamos sido capaces de conservar este bonito elemento, que tanto tenía que ver con la vida rural de un pueblo como Jarandilla. En las solanas se secaban las ristras de pimiento, se desgranaba el maíz y otros granos; se embotellaba el tomate, y se hacían otras faenas que, a buen seguro, muchos de los que lean estas palabras evocaran en su memoria.

Espero que reflexionemos en la necesidad de conservar aquellos aspectos urbanísticos y paisajísticos recibidos de nuestros mayores, como un préstamo que debemos conservar para los han de heredarnos.