La picota de C. Clifford

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El rollo o picota de Jarandilla, símbolo del poder feudal y de la independencia jurisdiccional, está situado junto a la ermita de la Virgen de Sopetrán, patrona de esta villa.

Dicha picota es de estilo gótico, S. XVI. Realizado en sillería sobre un pedestal de tres escalones, compuesto por dos cuerpos, el primero liso con cuatro canecillos en la parte superior, el segundo con cuatro escudos y rematado por un pináculo artísticamente decorado.

Los cuatro escudos están muy desgastados, pero según un informe hecho por el párroco en 1786, dice “...  en el rollo que está en la salida de Jarandilla....hay cuatro escudos, uno con quince cuadros, otro con dos calderas u ollas de campaña, otro con dos leones coronados y dos águilas con espada en la mano y el cuarto con cinco hojas de higuera...”

Charles Clifford (1819-1863) fotógrafo galés, considerado uno de los pioneros de la fotografía del S. XIX. se instaló en Madrid en la década de 1850. Fue nombrado fotógrafo de cámara de la Reina Isabel II.

Clifford recopiló fotográficamente los mejores monumentos de España, para lo cual recorrió el país, incluyendo en sus fotografías, extraordinarios paisajes y personajes. También acompañó a la Reina Isabel II en sus viajes como fotógrafo oficial de la casa real.

Clifford, por su condición de fotógrafo real, hace amistad con personajes de la nobleza, entre ellos el Duque de Osuna y de Frías y el Marqués de Mirabel. Ambos propietarios de tierras y castillos en Extremadura.

En su primer viaje a estas tierras en la primavera de 1858, publicada en su obra, Photographic Scramble Through Spain dice, “...Desde Toledo emprendimos una de nuestras excursiones por caravana de mulas, y visitamos Talavera, Maqueda, Oropesa, Rosario, Jarandilla, Aldeanueva, Cuacos y Yuste; un paseo encantador conocido y visitado sólo por los campesinos de la comarca. El más afanoso cazador se encontrará aquí a pleno gusto, pues los jabalíes, las liebres, los conejos y las perdices se ofrecen como abundante cosecha al invasor de sus dominios.

Su Merced el joven Duque de Frías es propietario de grandes fincas en esta comarca, y de forma personal podemos atestiguar la mucha cortesía y hospitalidad que a los ingleses demuestra. Cuacos es una antigua aldea encantadora y pequeña, y aquí reside el buen cura, el guardián actual y representante del dueño de Yuste; un tipo, éste, bueno, sano y jovial, a quien para siempre nos sentiremos endeudados por sus atenciones amables y su compañía, durante la estancia de dos días y noches en aquel lugar solitario y desolado, Yuste.

Todo es humedad, ruina, caducidad, y queda no más que poco–muy poco- para dejar constancia del último descansadero de aquel gran monarca que, alejado en este lugar de los cuidados molestos del gobierno activo, en una rígida clausura monástica, quiso prepararse para el final que, su salud en declive indicaba con demasiada claridad, pronto terminaría su larga y brillante carrera....

En este artículo, Clifford nos deja constancia de su estancia en la Vera y más concretamente en Jarandilla. Se sabe que realizó al menos cuatro fotos en esta villa, la de la picota, y tres en el castillo, hoy parador de turismo.

Casi con toda seguridad, esta fotografía fue realizada a partir de un negativo de vidrio (38x30 cm) nunca antes utilizado, por su nitidez. Es un positivo en albumina de gran calidad. Posiblemente se tomó a una hora avanzada de la mañana, por varias razones: la sombra de la picota es alargada y tiene una gran cantidad de luz, además que las imágenes no se ven difusas ni sobreexpuestas.

Los tiempos de exposición de este tipo de fotografías eran enormes y de ahí que los personajes debían permanecer inmóviles durante mucho tiempo. En esta imagen podemos ver que el clérigo se está moviendo.

Los personajes que aparecen en esta fotografía, son amigos o familiares que le acompañaban en sus viajes. Por esta razón, dichos personajes se repiten en varias fotografías a lo largo de este viaje.