De árboles y Césares

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Los seres humanos tienden a auto-adjudicarse un protagonismo exclusivo y excluyente como artífices de los aconteceres de la existencia; pero no sólo de la existencia propia, sino también de la del resto de los seres vivos.

No obstante, en la actualidad la especie humana vive una situación que pone en entredicho esa supuesta preponderancia, en esta ocasión, frente a la pandemia generada por la pandemia del Covid 19.

Por esa razón, en la segunda fase de la exposición, “Paseo por la memoria” hemos incorporado a individuos de otras especies con una presencia relevante en el acontecer compartido. Otros seres vivos o especies cuya exclusión convertiría escenarios en los que tiene lugar nuestra existencia, en escenarios diferentes e incluso irreconocibles. 

Carentes de un protagonismo tan activo y eminente como el de los seres humanos, pero con una presencia discreta, no despreciable, y de la que no es fácil calibrar su importancia.

En esta ocasión, los partícipes no humanos son árboles. Árboles relevantes o singulares (en algún caso monumentales) del espacio urbano de Jarandilla, y que han sido elementos identitarios de esta población. 

   Pueden distinguirse cuatro grupos:  

  1. Grupo chopos (Pópulus nigra itálica). Integrado por dos enormes chopos de mas de 25 m de altura, situados a ambos lados de la carretera, franqueaban el acceso a Jarandilla a la altura del estanque del castillo. Eran álamos negros, también conocidos como chopos lombardos (Pópulus nigra itálica). Debieron plantarse a mediados del siglo XIX.  

  2. Grupo olmos montano (Ulmus glabra). Conjunto de olmos que existió en el parque del castillo y en el Llano, entre los que sobresalían dos ejemplares situados, uno en la esquina N del parque del castillo, con un diámetro de dos metros y medio, y otro en el Llano.  Desaparecidos por la acción de la grafiosis, enfermedad que ha acabado con casi todos los olmos de España, en los últimos 40/50 años. Los olmos, muy longevos, eran los árboles característicos de las plazas de los pueblos de este país. Gracias a la investigación se ha logrado obtener olmos resistentes a la grafiosis.

  3. Grupo eucaliptos (Eucalyptus glóbulus). Integrado por los dos eucaliptos existentes en el lateral S. del estanque del castillo, y un tercero en el Llano. El más grande de estos ejemplares desaparecido por una acción irresponsable. Esta especie, procedente de Australia, se introdujo en España hacia 1850. 

  4. Grupo cedro del Atlas (Cedrus atlántica). Conjunto de 5/6 cedros del Atlas existentes en el parque del castillo. De tronco rectilíneo se elevan hasta más de 35 m. Proceden de la zona del Atlas marroquí. Son árboles muy longevos, que pueden alcanzar los tres mil años de antigüedad. 

Emociona pensar que la longevidad de estos árboles (cedros del Atlas, olmos) abre la posibilidad de que algunos de ellos pudieron ser, durante la estancia del emperador-monarca Carlos V de Alemania y I de España, en el castillo de Jarandilla, “testigos silenciosos” de las reflexiones de aquel sobre la vida y la muerte, sobre los retos que se había propuesto alcanzar y los que alcanzó. Retos de enorme magnitud, y frente a demasiados y poderosos enemigos: Francia, turcos, protestantes, el Papado, piratas norteafricanos.                                                   

La intensa existencia de Carlos V, le hizo poseedor de hechos y recuerdos de diez vidas, pero concentradas en una sola. No sorprende que el máximo protagonista de la historia de Europa en la primera mitad del siglo XVI, fuera a los 58 años un anciano, moribundo.

Del conjunto de árboles de gran porte que existía, en el castillo y su entorno: los chopos lombardos (Pópulus nigra itálica), los olmos (Ulmus grabla), eucaliptos (Eucalyptus glóbulus), se ha visto muy mermado en número en los últimos 40/5º años, no así los cedros (Cedrus atlántica). Con ello, lamentablemente, Jarandilla ha perdido elementos importantes de su identidad y de su patrimonio natural. 

Chopos, olmos, eucaliptos cedros del Líbano, y otros árboles, forman parte de la identidad de Jarandilla, están en la memoria colectiva de los jarandillanos/as, y forman parte de su patrimonio natural.  Debemos fomentar esa identidad, así como incrementar el patrimonio natural de nuestro pueblo, Jarandilla, pero de calidad.